Génesis Capítulo 19

Génesis

Capítulo 19

19:1 Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo,
19:2 y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche.
19:3 Mas él porfió con ellos mucho, y fueron con él, y entraron en su casa; y les hizo banquete, y coció panes sin levadura, y comieron.
19:4 Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo.
19:5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.
19:6 Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró la puerta tras sí,
19:7 y dijo: Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.
19:8 He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado.
19:9 Y ellos respondieron: Quita allá; y añadieron: Vino este extraño para habitar entre nosotros, ¿y habrá de erigirse en juez? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta.
19:10 Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta.
19:11 Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta.
19:12 Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar;
19:13 porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo.
19:14 Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.
19:15 Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad.
19:16 Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad.
19:17 Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.
19:18 Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos.
19:19 He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera.
19:20 He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida.
19:21 Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado.
19:22 Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar.
19:23 El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar.
19:24 Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;
19:25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.
19:26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
19:27 Y subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová.
19:28 Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno.
19:29 Así, cuando destruyó Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción, al asolar las ciudades donde Lot estaba.
19:30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas.
19:31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra.
19:32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia.
19:33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
19:34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia.
19:35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
19:36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
19:37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy.
19:38 La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben- ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy.

Génesis Capítulo 15

Génesis

Capítulo 15

15:1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.
15:2 Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?
15:3 Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
15:4 Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.
15:5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
15:6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
15:7 Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.
15:8 Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?
15:9 Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
15:10 Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.
15:11 Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.
15:12 Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.
15:13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.
15:14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.
15:15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
15:16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.
15:17 Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.
15:18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;
15:19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos,
15:20 los heteos, los ferezeos, los refaítas,
15:21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.

Génesis Capítulo 7

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Capítulo 7

7:1 Dijo luego Jehová a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación.
7:2 De todo animal limpio tomarás siete parejas, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, una pareja, el macho y su hembra.
7:3 También de las aves de los cielos, siete parejas, macho y hembra, para conservar viva la especie sobre la faz de la tierra.
7:4 Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice.
7:5 E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová.
7:6 Era Noé de seiscientos años cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra.
7:7 Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos.
7:8 De los animales limpios, y de los animales que no eran limpios, y de las aves, y de todo lo que se arrastra sobre la tierra,
7:9 de dos en dos entraron con Noé en el arca; macho y hembra, como mandó Dios a Noé.
7:10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.
7:11 El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo, a los diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas,
7:12 y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
7:13 En este mismo día entraron Noé, y Sem, Cam y Jafet hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos, con él en el arca;
7:14 ellos, y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales domesticados según sus especies, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, y todo pájaro de toda especie.
7:15 Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida.
7:16 Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios; y Jehová le cerró la puerta.
7:17 Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.
7:18 Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra; y flotaba el arca sobre la superficie de las aguas.
7:19 Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.
7:20 Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes.
7:21 Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre.
7:22 Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió.
7:23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.
7:24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

VIRTUDES DE UN VENCEDOR

VIRTUDES DE UN VENCEDOR

“Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros”.    Génesis 22:5.

Éste capítulo nos enseña una de las etapas más difíciles de la vida de Abraham. Dice la Escritura que “probó Dios a Abraham” pidiéndole lo que quizá éste más amaba: su hijo Isaac. Pero, al final de ésta historia, Abraham es aprobado por Dios, y logra superar éste difícil momento de su vida.

En el versículo mencionado, podemos observar varias actitudes y acciones fundamentales para superar los tiempos adversos y los momentos de prueba, veamos:

1.  Obediencia: Vemos esto cuando Abraham dice: “yo y el muchacho iremos hasta allá”, Dios le había dicho que viajará hasta la tierra de Moriah y así lo hizo, y cuando vio de lejos el lugar, ordena a sus siervos que se queden allí y él continua el camino con su hijo. No cuestionó a Dios, ni le pidió explicaciones, simplemente obedeció, y por esto fue bendecido y honrado por el Señor.

2.  Adoración: Abraham expresa su primer objetivo para ir hasta allá: “adoraremos”. La vida de adoración cuando depende del estado emocional del adorador, es casi aniquilada, cuando llegan las dificultades. Cuando el adorador ha aprendido que su Dios es el mismo en toda circunstancia, y que es Dios Todopoderoso, lo adora por encima de la adversidad, lo adora aunque el camino por donde transite sea difícil.

3.  Perseverancia: Después de viajar tres días (con su hijo y con sus siervos), Abraham ve de lejos el lugar y continua el viaje, caminando sólo con su hijo, fue un viaje difícil, por tierra semidesértica, ahora empieza subir por el monte que Dios le indica, cansado, pensando y preocupado por el futuro de su hijo, el de su familia, recordando las promesas del Señor… Pero a pesar de todo, Abraham siguió adelante hasta el lugar que Dios había determinado…

4.  Fe: Abraham dice: “adoraremos y volveremos”, confiado en que volverá con su hijo, pues Dios le había dicho: “por Isaac se prolongará tu descendencia”. El Espíritu Santo nos revela en el N.T. que Abraham obedeció a Dios, pensando que es poderoso para levantar aún de entre los muertos (Heb. 11:19), así que Abraham tenía toda su confianza en Dios.

 

Reflexión final: Lo que destacó a Abraham fue precisamente su fe en Dios. Es necesario continuar nuestro camino de fe, sin desmayar, ni renunciar; tal vez sea necesario descansar, hazlo, sabiendo que el verdadero reposo sólo se halla en Su presencia, Dios es nuestra fuerza.

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ELÍAS Y LA VIUDA DE SAREPTA DE SIDÓN

Sin duda alguna nuestra fe es exhibida realmente en los tiempos de prueba, en los momentos cuando no se puede, cuando no es posible, cuando no hay, cuando no hay más fuerzas… Allí es fundamental seguir creyendo, seguir caminando, recuerda que el momento más oscuro de la noche, debe más bien recordarnos que nuestro Sol de justicia está por brillar…

 

ELÍAS Y LA VIUDA DE SAREPTA DE SIDÓN

Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba”, 1 Rey. 17:8.

Es necesario conocer las palabras de Dios y sus promesas, pues son fieles porque él lo es, Dios envía a Elías a Sarepta de Sidón, y allí encuentra como Dios se lo dijo a una viuda. Dios cumple sus promesas, por su naturaleza santa, él no miente, no queda mal, no engaña, ni crea falsas expectativas, puedes confiar plenamente en él. Dios tiene planeado un gran milagro, pero requiere la obediencia de Elías y la acción obediente de la viuda, ambos oyen a Dios, ambos deben obedecer a Dios: Elías debe ir a Sarepta de Sidón y la viuda debe alimentarlo.

Ante las dificultades pueden aparecer los temores, 1 rey. 17:12 (“Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir”). El temor trae frustración y alejamiento de Dios, veamos:

1)   Ella esperaba lo peor, la muerte de ella y de su hijo.

2)   Estaba enfocada en lo poco que tenía.

3)   El temor nos roba la fuerza, el entusiasmo y la confianza.

4)   El temor nos aleja del poder de Dios.

5)   La fe es la certeza de que Dios hará, el miedo es la certeza de la catástrofe que vendrá.

Dios quiere reemplazar el temor por la fe en Jesucristo, 1 Rey. 17:13-14 (“Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta… Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá,  hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra”). Una frase muy usada por Dios la cita aquí Elías: “No tengas temor”. La fe implica avanzar en la Palabra de Dios aunque a veces suene ilógico.

Es interesante que el lugar era Sarepta de Sidón, la palabra Sidón significa: caza, pesca, venado o carne de venado, es decir era un lugar de abundante fauna y flora, pero ahora por la sequía no había nada, a veces así pasa en nuestra vida. Y entramos en un proceso de Dios, de hecho el nombre Sarepta significa: taller del orfebre, entonces es el lugar y tiempo donde Dios moldea nuestro carácter, como el orfebre moldea el oro para darle la forma que él quiere.

La fe en Dios siempre triunfará, 1 rey. 17:15 (“Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó,  ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.”). A pesar de todo, ella actuó en fe. Recordemos que: era una mujer viuda, estaban en medio de una sequía terrible, un puñado de harina y un poco de aceite era lo último que tenía y el vrs. 15 dice: “ella fue e hizo como le dijo Elías”. Y Dios cumplió su promesa, ellos fueron testigos de un milagro.

La sequía duró tres años y medio, y en la casa de la viuda, Elías estuvo dos años aprox. Cada mañana cuando ella llegaba a la cocina, allí estaba el aceite y la harina, allí estaba Dios cuidando de su siervo Elías, cuidando de la viuda y de su hijo. No importa si hay sequía, si la economía mundial se balancea de un lado a otro, miremos a Cristo, nuestro proveedor, él es quien nos sustenta, caminemos en su palabra, en sus principios, dale a Dios el lugar que le corresponde, y él actuará a tu favor.

Reflexión final: Dios protege a sus hijos, los bendice cada día, envía la provisión sobre sus familias, cumple sus promesas, Dios tiene cuidado de sus hijos, y él espera que sus hijos tengan cuidado de Su Palabra.

 

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PRINCIPIOS PARA ALCANZAR TU VICTORIA

Consideremos el primer principio:Busca a Dios aunque tu alma esté afligida. El monte de los olivos está ubicado al nororiente de Jerusalén, muy cerca de la capital, en éste monte hay un huerto especial que se llama huerto de Getsemaní, actualmente vallado y mantenido como jardín. Su nombre significa: “prensa de aceite” o “lagar de aceite” (instrumentos con los que se obtenía el aceite de las aceitunas que eran trituradas o pisadas, figura del proceso en el que somos formados). Es un huerto muy diferente al huerto del Edén, pues en éste Jesús dice: “hágase tu voluntad”, y en el Edén, Adán hizo su propia voluntad…


“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.   Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”, Mt. 26:36-38.   

Jesús desde su profunda tristeza, optó por orar. Al día siguiente sería crucificado, experimentaría dolores nunca antes vividos, viviría un momento de separación del Padre.  Aunque iba con sus discípulos, escogió a tres de ellos para abrirles su corazón, su angustia y tristeza era profunda, y desde ésta condición decidió buscar el rostro del Padre celestial (porque es lo correcto), Jonás desde el vientre del gran pez clamó a Jehová, David invocó al Señor en medio de la angustia y la persecución, Jabes desde situación de fracaso, de esterilidad y frustración, invocó al Dios de Israel y le otorgó Dios lo que le pidió. Busca a Dios, aunque tus circunstancias sean adversas e incomprensibles.

El segundo principio es: Rendir la voluntad a Dios, Mt. 26:39 (“Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”). Su prioridad era el deseo del Padre; en su humanidad, expresa el deseo de no tener que beber la copa que el cielo le ponía delante (la cruz), “se postró” indicándonos su humillación y sometimiento a la voluntad del Padre: “pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

La naturaleza de Adán nos impulsa a hacer nuestra propia voluntad, pero ahora Cristo, el postrer Adán ha venido a vivir en nosotros para que hagamos Su voluntad, sin embargo la mayoría de las veces preferimos nuestra propia voluntad, pues es más fácil no entrar en nuestro propio Getsemaní, porque eso implica morir a nuestros deseos, implica dolor.

Jesús oró tres veces de la misma manera (vrs. 44 “se fue de nuevo,  y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras”). El número tres en la Biblia indica: plenitud, completo, perfección en testimonio. Cuando Jesús terminó de orar la tercera vez, habló con seguridad y fortaleza acerca del momento que tenía que enfrentar, vrs. 46. Estaba seguro de la voluntad del Padre, y de sus promesas, pues al tercer día, lo levantaría de los muertos en poder y gloria. Debemos notar que el Padre no quitó la cruz, pero lo fortaleció para enfrentarla. El evangelio de Lucas nos añade que “se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle”, o para “recobrar fuerzas”, con su inmenso poder el Padre no anuló la cruz, sino que le envió fortaleza para vencer lo que estaba por delante.

El tercer principio: Persevera aunque otros te fallen, Mt. 26:40, 43 (“Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?… Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño”). Sus discípulos lo dejaron solo, aún aquellos tres en quienes él confiaba de manera especial… Qué difícil es cuando los de casa no están contigo, por ej: la esposa no apoya a su esposo, o cuando al esposo le es indiferente la dificultad de su esposa, cuando tus hijos no se involucran en el sueño para la familia, o cuando nadie se entera o se preocupa de tu crisis… eso le paso a Jesús, esa noche Jesús tenía una prioridad, ellos tenían otra: dormir… Seguramente otros nos fallarán, y entonces ¿qué haremos?

Cuando los discípulos le fallaron, Jesús se fue por segunda vez y oró, y luego por tercera vez se fue y oró. En diferentes momentos de su vida, Jesús vivió el rechazo, la decepción, la tristeza, y aún la traición, pero su respuesta fue la oración, fue buscar el rostro del Padre, entrar en su presencia, renovar las fuerzas en él, y seguir adelante, pues aunque en la tierra te fallen, Dios nunca te fallará.

Reflexión final: Ten presente estos principios para alcanzar tu victoria, Dios nunca te dejará, ni te desamparará, sin importar la condición de tu alma busca a Dios, rinde tu voluntad a Dios y persevera buscando su rostro, sin importar que suceda, él es fiel y se levantará para socorrerte.

 

EL MANÁ PAN DEL CIELO

 

EL MANÁ PAN DEL CIELO - BENDICION FM

Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley,  o no”, Éxodo 16:4.

Ésta provisión sobrenatural de Dios para su pueblo en el desierto es uno de los grandes milagros del Antiguo Testamento. Lamentablemente el contexto en el que se origina éste milagro no es una respuesta de Dios a la oración, ni a la adoración, ni al clamor de su pueblo, sino que dice la Escritura: “Israel murmuró”. Aunque Dios iba delante de ellos, los defendía y grandes señales había hecho, Israel no estaba agradecido, ni confiado en él, más bien expresa su inconformidad quejándose y murmurando ante la voluntad de Dios. (Evitemos la murmuración, pues Dios siempre sabe lo que hace, cuando y como)…


Dios esperaba que Israel confiara en él, pues los había sacado de Egipto con grandes señales, y los llevaba a la tierra prometida de una manera sobrenatural. Nosotros debemos confiar en Dios, pues él sabe de dónde nos ha sacado y sabe a dónde nos quiere llevar (Dios lo sabe todo). Dios habla a Moisés, no sólo porque era quien estaba a cargo, sino porque era un corazón sensible en el desierto (Recordemos que el sol endurece el barro, pero ablanda el hielo. A veces ante el difícil camino algunos corazones se endurecen, pero Moisés mantuvo un corazón sensible a Dios).

 

Dios le dice a Moisés: “hare llover pan del cielo”, aunque eso nunca antes había ocurrido, aunque hacer llover en el desierto ya era difícil, y hacer llover pan era algo único y humanamente imposible, Moisés confió plenamente en las palabras del Señor. Es interesante tener en cuenta el pan en tiempos de Moisés, algunos alargados, redondos, de tamaño personal y familiar, de color café oscuro y claro, y él pudo imaginárselos así, pero el maná pan del cielo era como semilla de culantro (cilantro), blanco, y su sabor como hojuelas con miel” (Éx. 16:31). Concluimos entonces que aunque Dios siempre hace lo que dice, no siempre lo hace como nos lo imaginamos.


(Semillas de cilantro)

 

Estaban en el desierto de Sin, cuyo nombre significa arbusto. Éste era el panorama: arena y arbustos, claro era difícil, y allí es donde debemos usar y caminar con los ojos de la fe, ver por encima de las circunstancias, creer lo que Dios ha dicho, pues adelante estaba la tierra que fluye leche y miel, tierra de abundancia y bendición, para por allí era temporal y formativo.

Dios da instrucciones respecto a la manera de recoger el maná: “recogerá diariamente la porción de un día” y en esto serían probados. Dios nos prueba, él espera que caminemos en su ley, es la prueba de la obediencia. Para Dios la obediencia es más valiosa que miles de sacrificios, pues ante Dios no es posible negociar la obediencia por obras religiosas.

El maná fue temporal, fue la provisión de Dios en el desierto para Israel. Pero Jesús dijo: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6:49, 51). Que bendición! Cristo es nuestra provisión para la eternidad y para nuestro ahora, podemos comer de él sin medida, él es nuestra vida y fortaleza, quien “come de este pan vivirá para siempre” (Jn. 6:58).

Reflexión final: Dios tiene cuidado de nosotros como cuidó de Israel en el desierto, e igualmente nos quiere llevar a la tierra de bendición, es decir al lugar de su perfecta voluntad. Dios es nuestro proveedor, y la más grande provisión ha sido su Hijo mismo: Jesucristo, el pan vivo que descendió del cielo. Gracias, amado Jesús por tu obra, permítenos alimentarnos de ti cada día. Amen.

 

ISRAEL CRUZA EL MAR ROJO

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Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis, Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos, Éx. 14:13-14.

El capítulo nos relata la persecución del faraón y su ejército contra los hebreos, después que derrotado por la mano de Dios, los tuvo que dejar salir de Egipto. Cuando Israel mira atrás y ve venir a faraón, tiene varias actitudes ante esto, pues además tenía al frente el mar rojo, según los vrs. 10 y 11 del mismo capítulo, los israelitas:

1.   “Temieron en gran manera”,

2.   “Clamaron a Jehová”

3.   “Dijeron a Moisés: era mejor haber muerto en Egipto”…


La verdad es que éste comportamiento, mezclado de miedo, clamor y fracaso, ha sido el nuestro en varias ocasiones, cuando enfrentamos la presión del enemigo, los numerosos obstáculos y/o la incertidumbre del futuro, vemos entonces que no hay mucha diferencia entre el comportamiento de ellos y el nuestro.

 

La seguridad y confianza de Moisés es un ejemplo digno de imitar hoy día, él dice: “No temáis, estad firmes”, frase que una y otra vez se repite en la Biblia, en diferentes tiempos, diferentes circunstancias y con diferentes héroes de las Escrituras, pues el temor y la fragilidad son componentes que no podemos excluir de la naturaleza humana, pero cual Moisés, quien conoce a su Dios se esforzará y actuará, confiará en la providencia soberana de su Dios.

Moisés invita al pueblo de Israel a “ver la salvación que Jehová hará hoy”. Solo los ojos de la fe pueden ver al Invisible, solo éstos ojos pueden ver el milagro antes de ser manifestado en lo natural, con éstos ojos fue que “Moisés se sostuvo como viendo al Invisible”. Debemos tener presente siempre que cuando caminamos por el sendero que Dios ha trazado para nosotros, él también va caminando junto a nosotros para animarnos, fortalecernos y hacernos testigos de los milagros del camino.

Ahora veamos que frase tan impresionante: “Jehová peleará por vosotros”, recuerda que Israel venía de ser esclavo, no era gente de guerra, ni armas tenían, pero Dios mismo pelearía por ellos. Es interesante que también la Biblia, presenta a nuestro Dios como “Jehová de los ejércitos”, imagínate por un momento su inmenso poder, tanto es así, que según Apoc. 20:1-2, Dios envía “un solo ángel” con una cadena en su mano y Satanás es atado por mil años. Esto nos lleva a pensar: si su ejército es poderoso en gran manera, piensa cuán grande es el poder de su General…

Ante esta verdad, Moisés le dice a Israel: “vosotros estaréis tranquilos”. Claro en ese momento el mar no se había abierto y faraón con su ejército se acercaba, pero la tranquilidad de nuestro corazón debe reposar en el poder de nuestro Dios, y no en las circunstancias que nuestros ojos naturales puedan ver.

Podemos estar tranquilos, Jesús dijo: “vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas”. Antes sus propios ojos Dios hace un milagro e Israel cruza el mar rojo. Poderoso es Dios para darnos la victoria sobre lo que antes era un imposible y cuando no había posibilidad alguna.

Reflexión final: Ante las dificultades y obstáculos, debemos recordar y confesar el poder y grandeza de Dios, debemos mirar con los ojos de la fe, Dios es nuestro protector y proveedor, confía en él, solo avanza por el camino que te ha trazado, él va delante de ti.

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UNA FE QUE GENERA MILAGROS

Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria

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“…tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar,  será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”,Mt. 21:18-22.

Jesús comprende y conoce nuestra condición. Jesús nació y creció como cualquier niño judío, y como todo ser humano “tuvo hambre”, sueño, fatiga, por eso él comprende nuestra humanidad y nuestras necesidades. Como niño fue instruido, como joven y adulto fue tentado y enfrentó diversas dificultades, por eso comprende nuestras diferentes situaciones. En su deidad conoce todo nuestro ser, la Escritura nos dice que “todo fue creado por medio de él y para él”, como nuestro creador, conoce nuestra estructura material, emocional y espiritual, y por tanto es él quien sabe exactamente cómo ayudarnos y como guiarnos…


La higuera es una oportunidad para enseñar y aprender. La higuera apreciada entre los israelitas, produce su delicioso fruto durante 10 meses del año, pero Jesús no encontró fruto. En nuestro “camino” hacia la voluntad de Dios (iban a Jerusalén), nos vamos a encontrar con cosas que no responden a nuestras expectativas, quizá: decepciones, traiciones, engaños, calumnias, pero esas “higueras” deben ser aprovechadas para crecer y madurar; Jesús la aprovechó para enseñar, y los discípulos para aprender. El Maestro sigue enseñando, nosotros sus discípulos debemos seguir aprendiendo…

 

Las palabras de Jesús son poderosas, la Biblia describe a la Palabra de Dios con muchas características: convierte el alma, santifica, alimenta, es eterna, es viva, eficaz y poderosa, sana y libera (Sal. 107:20 “envió su palabra y los sanó, y los libró de su ruina”), y vemos aquí que cuando él habló la higuera se secó.

 

Jesús revela el poder de la fe y cómo esta genera maravillas y milagros.  Los discípulos se maravillaron, la palabra maravilla aquí viene del gr. dsaumázo, que significa: admirados, asombrados, sorprendidos; esto es lo que sucede, cuando por nuestra fe en Dios, él hace maravillas entre nosotros, cuando por tu fe Dios hace maravillas en tu vida, en tu hogar, en tus hijos, en tu liderazgo, porque Jesús dijo: “si puedes creer, al que cree todo le es posible”, (Mr. 9:23).

 

La fe transforma nuestra manera de hablar. Jesús aprovecha éste momento para enseñarles cosas muy importantes acerca de la fe:

1. La fe hará que superen los más grandes obstáculos (“si a este monte dijereis quítate, será hecho”).

2. La fe los llevará a cosas mayores (de secar una higuera a trasladar un monte).

3. La fe los llevará a declarar grandes cosas en la voluntad de Dios. (Jesús les dijo: “si dijereis a este monte quítate, será hecho”, la fe nos lleva a hablar de manera diferente, pues declaramos nuestra confianza en Dios y en sus promesas).  

La fe determina nuestra comunión con Dios. Nuestra manera de orar es alimentada por nuestro nivel de fe, si lo hacemos “creyendo” recibiremos la respuesta de Dios, la fe debe ser declarada en nuestras oraciones, evitemos oraciones lastimeras y “quejabanzas”, porque éstas no producirán los milagros de Dios.

Reflexión final: Jesús conoce nuestra condición, nuestras luchas y necesidades, y él quiere que lo busquemos y que lo hagamos con fe, porque Dios quiere moverse a tu favor, permite su acción sobrenatural orando, siendo guiado por su Espíritu y verás las maravillas del Señor a tu favor.